
Imagínate esta escena: estás echando un vistazo en Reverb, buscando un verdadero amplificador de bajo que te haga vibrar el esqueleto, luego de mirar melancólicamente tu amplificador de práctica de 14 vatios fabricado en Uzbekistán y darte cuenta de que tiene el mismo volumen y sonido que tu iPhone en modo “altavoz”. La verdad es que este es un momento maravilloso para la vida de todo bajista, porque de ahora en adelante tu sonido no hará más que sumar volumen, cuerpo y vigor.
Hay muchos rumbos sonoros para explorar. Antes de que dejes tu tarjeta de crédito al rojo vivo y cambies tu viejo amplificador por un nuevo equipo que suene como un terremoto, debes estudiar los sonidos clásicos que les encantan a todos los bajistas, así como los equipos que les permitieron lograr esos sonidos. Voy a organizar estos amplificadores por orden histórico. Mientras que los equipos para guitarras tienen una infinidad de opciones vintage que se ponen de moda y luego caen en el olvido, los equipos para bajos (en su mayoría) no dejan de mejorar.
La historia más grande jamás contada dice así: en un principio, la Tierra no tenía forma y estaba vacía. El bajista tenía que compartir los amplificadores con los guitarristas, o conectarse al sistema de megafonía de Sears. La gente usaba el Fender Bassman para el bajo, ¿entiendes? Era un barbarismo esencial. Y, luego, Dios dijo: “Hágase el sonido”. Y vio Dios que el sonido era bueno.

Ampeg B-15 Portaflex
Representantes principales: James Jamerson, David Hood, Carol Kaye
En realidad, la empresa Ampeg empezó a fabricar amplificadores para bajo en 1946, cuando Everett Hull presentó una patente de su diseño de “clavija amplificada” (en inglés, “amplified peg”) para contrabajos. Sin lugar a dudas, sus modelos iniciales de amplificadores fueron pioneros del sector durante toda la década de 1950, pero lo mejor todavía estaba por llegar. En 1960, Ampeg presentó un amplificador para bajo que revolucionaría la música pop durante una década o más: el cabezal y bafle B-15 Portaflex “Flip-Top”.
Para las normas de ingeniería posteriores, las especificaciones del B-15 parecen extrañas: tres válvulas de preamplificación 12AX7 y tres válvulas de amplificación de potencia 6L6 generaban apenas 25 vatios RMS a través de un solo altavoz de quince pulgadas. Parecen las especificaciones de uno de los amplificadores de práctica debiluchos que se usan ahora. Ah, pero ve a la tienda vintage de tu zona y busca uno de verdad para tocar. Ármate de tu P-Bass (ponle cuerdas de entorchado plano, ¡no seas ignorante!) y empieza a tocar la línea inicial de “My Girl”. O prueba algunas de las líneas de Carol Kaye en “Good Vibrations” de los Beach Boys. Después, anímate a tocar “I’ll Take You There” de los Staples Singers. Ahora quedó claro, ¿no? Ese es el sonido.
El B-15 Portaflex, comparado con cualquier amplificador de esa época, tiene cuerpo, sustancia y un aspecto muy llamativo, gracias a la superficie superior espejada. En sí no tiene mucha potencia, pero es indulgente de la manera más musical posible. Las notas se hunden en el amplificador de potencia a válvulas como en un colchón de lujo. Los medios bajos son limpios y los medios altos son punzantes pero no agresivos. Vamos, intenta simular que tocas la línea de bajo de “For Once in My Life” de Stevie Wonder. Es cálida y tiene mucho groove y soul.
Pero el sonido del bajo no se podía quedar quieto, no señor. No con el rock and roll en plena carrera para alcanzar decibeles dignos de un estadio.
CALLOUT: Bobby Vega has a great demo of the B-15 Portaflex’s magic here
Acoustic 360/361
Representantes principales: Larry Graham, John Paul Jones, Jaco Pastorius
Durante toda la década que nos dio a The Boomers, el volumen de los amplificadores de guitarra describió una curva hiperbólica. Si empiezas con el volumen de la guitarra de los Everly Brothers en 1960 y terminas con Jimi Hendrix en 1969, la diferencia de volumen es similar a la que hay entre una máquina de coser y un cohete Saturno V. En pocas palabras, el Ampeg B-15 no estaba diseñado para ganar en un choque frontal con una torre Marshall preparada para salir a matar. Había que hacer algo en nombre de los bajistas de todo el mundo.
En 1967, surge el Acoustic 360, un cabezal de estado sólido de 200 vatios diseñado para el bafle 361, una caja de proyección posterior de 18” inspirada (creo) en el tanque Panzer. No cabe duda de que el 360/361 superaba ampliamente al B-15, tanto desde el punto de vista físico como el sonoro, y preparó al mundo de los bajistas para los recitales de Woodstock, Altamont y otros festivales gigantes que estaban por llegar.
De hecho, en diciembre de 1967 el Acoustic 360 contribuyó a que arrestaran a los integrantes de The Doors por ruidos molestos y los hizo aparecer (junto con el amplificador) en la tapa de la revista Life. Esa mala reputación tuvo una respuesta muy predecible, y es que el amplificador se convirtió en un artículo imprescindible para los rockeros dedicados que morían por ser arrestados por “el sistema opresor”, solo por el hecho de tocar sus notas de bajo.
Y eso que este no era un equipo muy accesible. El precio de venta sugerido del paquete 360/361 en 1967 era USD 1250.00, que para 2014 equivalen a USD 8,850.00. (Aclaro que no es un error tipográfico). Que yo sepa, no existe otro amplificador de bajo que cueste nueve mil dólares, a menos que cortes una consola SSL por la mitad y la lleves por todas partes, lo cual me parece una idea espléndida.
De todos modos, el precio ni importa. Los mejores bajistas de la época sabían que este era un amplificador alucinante. El mismo Larry Graham usaba estas imponentes torres para el slap, el stank y el funk. El virtuoso bajista de Led Zeppelin, John Paul Jones, tenía que mantenerse a la altura de Jimmy Page (¡por favor!), y con el Acoustic 360 (o, mejor dicho, una pared llena de esos amplificadores) lo lograba. Y había un joven bajista de Florida que sabía que si quería ser el mejor, tenía que tener el mejor amplificador. Fue en ese momento que Jaco Pastorius empezó a ahorrar todo lo que podía (según la leyenda, durmiendo en la playa durante las giras mientras sus compañeros de banda dormían en hoteles) y finalmente se compró un Acoustic 360. El amplificador le dio al J-bass sin trastes de Jaco ese golpe tan particular y reconocible en los medios altos que le confirió la voz más perdurable y original del mundo de los bajistas.
NOTA: No te pierdas el canto de Bobby Vega a la torre Acoustic. Puedes verlo aquí. Déjate llevar por sus riff de Zeppelin.

Ampeg SVT
Representantes principales: Bill Wyman, Cliff Williams, Krist Novoselic, casi todos los rockeros
No te confundas: los Rolling Stones no iban a dejar que nadie los supere, ni en sus amplificadores de bajo ni en ningún otro aspecto. Mientras el volumen de los amplificadores de guitarra subía y subía como para sacar al planeta de su eje, Bill Wyman se preparaba para la gira de 1969 de los Stones con un amplificador que en esa época ni siquiera estaba en plena producción: el Ampeg SVT (sigla de “Super Valve Technology”, es decir, “tecnología de superválvulas”).
El Ampeg SVT es un cabezal de amplificador que pesa 97 libras y fue pensado para conectarse a dos cajas de 104 libras, cada una con ocho altavoces de diez pulgadas en bafles. La sección del amplificador de 300 vatios se alimentaba con catorce válvulas, que requerían transformadores con núcleo de hierro provenientes de asteroides caídos del espacio. Sin excepción, provoca hernias instantáneas en cualquier ser humano que lo toque con la intención de cargarlo en un automóvil o un camión. Posiblemente mueva suficiente aire como para arrancarte los pantalones de un tirón, y suena pesado y agresivo como si metieras una bola de boliche en una máquina cortadora de leña. Por eso, el Ampeg SVT es tan necesario para el rock como los equipos Marshall, las grupis y los especiales de Behind the Music que te hacen lagrimear un poco pero terminan bien. Lo escuchas en todo y en todas partes: The Allman Brothers, AC/DC, Nirvana, y la lista sigue.

SWR Redhead 2x10
Representante principal: Marcus Miller
En la década de 1980, el mundo se convirtió a la religión de la alta fidelidad y el neón. Los sonidos cálidos y valvulares de los 60 y 70 le cedieron el paso a una energía que empezó a pisar fuerte cerca de 1982; una energía brillante, de estado sólido, rayos catódicos y excitación, posiblemente relacionada con la cocaína. Y no me malinterpreten: algunas de esas cosas sonaban muy pero muy bien, al menos para la época. El sintetizador Yamaha DX-7 era lo más vanguardista y aparecía en todo tipo de temas. Los productores, todos peinados a la moda del momento (el mullet), usaban las nuevas “cajas de ritmo” para crear sonidos con groove. Y, en esa época, era buenísimo e innovador tocar el bajo con la técnica “slap” y con aires de funk. Para los bajistas, fue el momento de las cuerdas de entorchado circular, de dejarse crecer el cabello para ostentar un glorioso mullet y de comprarse un amplificador nuevo para el bajo.
A fines de la década de 1970, un gurú del sonido llamado Steve W. Rabe se entusiasmó con la idea de darles a los bajistas un amplificador acorde a esta nueva época de ensueño, la época del Atari, de Ronald Reagan y de los pantalones de tela de avión. El sitio de la empresa SWR Amplification describe su investigación y desarrollo de esta manera:
“[Steve W. Rabe] visitaba estudios de grabación y les pedía opinión a los profesionales que trabajaban en Los Ángeles. Todos señalaban con el dedo los monitores del estudio y decían: ‘Haz algo para que los amplificadores de bajo suenen así, porque así tendría que sonar un bajo’. Se referían a un sonido de alta fidelidad, limpio y de espectro completo. A partir de esa ideología nació SWR”.
Los primeros productos dejaban entrever un diseño que surgiría en 1987 para iluminar la creatividad de músicos como el inimitable Marcus Miller: el Redhead 2x10. Este amplificador combo era de 400 vatios y de estado sólido, tenía dos altavoces de diez pulgadas, una bocina y unas prácticas rueditas para transportarlo fácilmente. Fiel a la visión original, el Redhead generaba un sonido de super alta fidelidad y tenía un montón de funciones, así que era la navaja suiza de los estudios de grabación. Todas las funciones se encontraban en el panel delantero: el ecualizador incorporado, la compresión, el “aural enhancer” (optimizador sonoro), una perilla para combinar efectos y los controles de la caja de inyección directa a válvulas. No hay mucho más para agregar. Esos amplicadores tenían un sonido increíble.

David Eden World Tour 800
Representantes principales: Oteil Burbridge, Gary Willis
El comienzo de la era moderna para el sonido del bajo puede haber coincidido con la presentación del David Eden World Tour 800, un amplificador de alta resistencia, confiable y hermoso para casi cualquier situación. Su sonido se puede describir como limpio y cálido, con un altísimo punto de saturación, y prácticamente sirve para cualquier fin. Generar un buen sonido con este amplificador no era particularmente complejo:
Paso 1:Conecta el amplificador a una toma de la pared.
Paso 2: Conecta el bajo al amplificador.
Paso 3: Verifica que el amplificador esté conectado al altavoz.
Paso 4: Que disfrutes tu recital.
El amplificador era costoso y pesado, al igual que los bafles, lo cual resultaba tranquilizador. Durante un tiempo a fines de la década de 1990, llegabas a un concierto de un festival, veías que entre los equipos de sonido estaba el Eden World Tour 800 y su bafle maquinado de 4 x 10, y suspirabas aliviado. La confiabilidad y el excelente sonido hacían una linda pareja con el peso aplastante y los altos precios, y de esa unión nació un montón de música.
Sin embargo, al departamento de investigación y desarrollo todavía le quedaba un asunto por analizar: el peso.

MarkBass (MiniMark, Mini CMD 121, etc.)
Representantes principales: Alain Caron, Jeff Berlin, Tom Kennedy, yo (por más que a nadie le importe)
Quizás otros bajistas me criticarían por declarar al MarkBass un amplificador clásico, pero para muchos otros músicos profesionales, estos equipos ultralivianos fruto de la inteligencia de los italianos han cambiado las reglas del juego para bien. Tomemos por ejemplo el MiniCMD 121, que es el que uso yo. Con una potencia de Clase D de 500 vatios que sale por un altavoz de 1 x 12 y apenas 27 libras, MarkBass logró desafiar el conflicto fundamental entre tamaño físico y sonido suficiente. Antes de que existiera este amplificador, las opciones eran sufrir una hernia de disco al cargar y descargar los equipos, o sonar como un pobre inexperto. Y de repente, como si fuera por mandato divino, podías obtener 500 vatios de sonido desgarrador con un paquete del mismo peso que un sándwich particularmente voluminoso.
El CMD121 es inexplicable: un solo altavoz de 12 pulgadas llena todo menos un anfiteatro al aire libre (cosa que puedes lograr fácilmente si agregas un bafle de extensión), y sin embargo puedes llevarlo con una sola mano. Además de su ecualización, que es muy musical, tiene dos perillas: la perilla Jaco (VLE) y la perilla Marcus (VFP). Tiene un altísimo punto de saturación y muchísima nitidez, y puedes cargarlo y descargarlo sin sufrir ni una sola hernia de disco.
Hubo otros amplificadores ultralivianos antes de MarkBass, pero costaban USD 2000 (Walter Woods) o no sonaban muy bien. Hoy, hay un montón de opciones ultralivianas que al fin se subieron al tren con su propio sonido. Pero Marco De Virgiliis y su empresa crearon un verdadero clásico, e imagino que perdurará.
Y ¿qué te vas a comprar?
Al ser bajista, tienes varias décadas de opciones muy interesantes. ¿Cuál elegirás? Si estás en una banda tributo a Motown, tal vez seas infinitamente feliz con un B-15, o algo que trate de pescar ese estilo. Si eres joven, tienes la espalda fuerte, un buen seguro de salud y una camioneta, quizás el estilo de vida del SVT sea ideal para ti. O a lo mejor te llama la atención otro tipo de equipo. Lo importante es que conozcas la historia del sonido del bajo y la mejor manera de lograr un sonido que te devuelva a ti, el bajista, a tu legítimo puesto de líder musical de la banda.
¡Feliz búsqueda!